Coloridos huevos de Pascua artesanales de madera, Vilna, Lituania
El Domingo de Pascua marca el final de los 40 días de Cuaresma, un período de ayuno, oración y penitencia.
Domingo de Pascua se vive como una fiesta de primavera, de mesa compartida y de detalles hechos con calma. Una de sus costumbres más queridas es decorar huevos, pintándolos o tiñéndolos, y jugando con motivos geométricos y florales. El gesto es sencillo, pero convierte una tarde cualquiera en un plan creativo y familiar. También es una excusa para estrenar la luz de la temporada y llenar la casa de pequeñas piezas únicas.
En la imagen del día se observan coloridos huevos de Pascua de madera hechos a mano, en Vilna, Lituania. La elección de un material duradero nos recuerda que algunas tradiciones se guardan y se heredan, como los adornos que vuelven cada año a las mismas manos. Vilna, con su casco histórico de calles empedradas, patios y fachadas barrocas, aporta ese aire de taller y mercado donde la artesanía convive con la vida diaria. Así la Pascua se vive como un tiempo para crear y compartir.